Es reconocido como uno de los fundadores de la Filosofía analítica, de hecho, inició diversas vías de investigación. A principios del siglo XX, junto con G. E. Moore, Russell fue responsable en gran medida de la "rebelión británica contra el idealismo", una filosofía influenciada en gran medida por Georg Hegel y su discípulo británico, F. H. Bradley. Esta rebelión tuvo repercusión 30 años después en Viena por la "rebelión en contra de la metafísica" de los positivistas lógicos. Russell estaba especialmente disgustado por la doctrina idealista de las relaciones internas, las cuales mantienen que para conocer sobre una cosa en concreto, debemos conocer todas sus relaciones. Russell mostró que tal postura haría del espacio, del tiempo, de la ciencia, y del concepto de número algo sin sentido. Russell junto con Whitehead continuó trabajando en ese campo de la lógica.
Russell y Moore se esforzaron para eliminar las suposiciones de la filosofía que encontraron absurdas e incoherentes, para llegar a ver claridad y precisión en la argumentación por el uso exacto del lenguaje y por la división de las proposiciones filosóficas en componentes más simples. Russell, en particular, vio la lógica y la ciencia como la principal herramienta del filósofo. Por tanto, a diferencia de la mayoría de los filósofos que le precedieron a él y a sus contemporáneos, Russell no creía que hubiese un método específico para la filosofía. Él creía que la principal tarea del filósofo era clarificar las proposiciones más genéricas sobre el mundo y eliminar la confusión. En particular, quería acabar con los excesos de la metafísica. Russell adoptó los métodos de Guillermo de Ockham sobre el principio de evitar la multiplicidad de entidades para un mismo uso, la navaja de Ockham, como parte central del método de análisis.
Bachelard, licenciado en Matemáticas en 1912, profesor de Física y Ciencias Naturales, y licenciado en Filosofía en 1920, se interesa en primer lugar por la historia y la filosofía de la ciencia. Sus tesis doctorales y sus primeras publicaciones tratan de esas cuestiones.
Así por ejemplo, en El nuevo espíritu científico (Le nouvel esprit scientifique, 1934) y sobre todo luego en La formación del espíritu científico La formation de l’esprit scientifique, 1938) profundiza en las consecuencias epistemológicas de la que ha sido una mutación fundamental en la ciencia del siglo XX. La física relativista de Einstein ha sustituido a la newtoniana, los esquemas mentales extraídos del mecanicismo (filosóficamente formulados en la epistemología cartesiana) ya no son válidos. En este contexto, Bachelard acuña la noción de ‘corte’ o ‘ruptura’ epistemológica: los avances en la ciencia no sólo requieren una acumulación, requieren una ruptura con los hábitos mentales del pasado. Los avances se producen, pues, venciendo resistencias y prejuicios, aquellos que pertenecen al cuadro conceptual y a las imágenes dominantes en la configuración epistemológica que ha de superarse. Esta noción se corresponde aproximadamente a lo que dirá luego Kuhn sobre los cambios de paradigma.
Pero la reflexión de Bachelard va más allá de la identificación de los sucesivos paradigmas desde el punto de vista de su aparición histórica. En cierto modo, al profundizar en las condiciones del pensamiento científico su reflexión se hace metahistórica. La intención la formulará netamente en su Psicoanálisis del fuego (La psychanalyse du feu, 1938), al decir que pretende encontrar "la acción de los valores inconscientes en la base misma del conocimiento empírico y científico".
Fue un filósofo, matemático y científico francés. Aunque se conservan algunos apuntes de su juventud, su primera obra fue Reglas para la dirección del espíritu (ca. 1628) (póstuma). Luego escribió El mundo o Tratado de la luz y El hombre, que retiró de la imprenta al enterarse de la condena de la Inquisición a Galileo, y que más tarde se publicaron a instancias de Leibniz. En 1637 publicó el Discurso del método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias, seguido de tres ensayos científicos: Dióptrica, La Geometría y Los meteoros. Con estas obras, escritas en francés, Descartes acaba por presentarse ante el mundo erudito, aunque inicialmente intentó conservar el anonimato.
En 1641 publicó las Meditaciones metafísicas, acompañadas de un conjunto de Objeciones y respuestas que amplió y volvió a publicar en 1642. Hacia 1642 puede fecharse también un diálogo, La búsqueda de la verdad mediante la razón natural (póstumo). En 1647 aparecen los Principios de filosofía, que Descartes idealmente habría destinado a la enseñanza. En 1648 Descartes le concede una entrevista a Frans Burman, un joven estudiante de teología, quien le hace interesantes preguntas sobre sus textos filosóficos. Burman registra detalladamente las respuestas de Descartes, y éstas usualmente se consideran genuinas. En 1649 publica un último tratado, Las pasiones del alma, sin embargo aún pudo diseñar para Cristina de Suecia el reglamento de una sociedad científica, cuyo único artículo es que el turno de la palabra corresponda rotativamente a cada uno de los miembros, en un orden arbitrario y fijo.
De Descartes también se conserva una copiosa correspondencia, que en gran parte canalizaba a través de su amigo Mersenne, así como algunos esbozos y opúsculos que dejó inéditos. La edición de referencia de sus obras es la que prepararon Charles Adam y Paul Tannery a fines del siglo XIX e inicios del XX, y a la que los comentaristas usualmente se refieren como AT, por las iniciales de los apellidos de estos investigadores.